11 agosto 2009

Artículo de Miquel Llop de la Plataforma Mou-te en bici de Girona


Como ciclista urbano que soy, quiero hacer público este acto de
contrición con la esperanza de descargar mi alma de tantos pecados. Ya
es hora de hablar claramente. Los ciclistas urbanos somos todos
iguales, mala gente, peligros públicos.

No os dejeis engañar, no somos ciudadanos normales que a veces cogen
la bicicleta para ir al trabajo, a comprar, etcétera. No. No nos
dividimos en buenos y malos, como pasa con motoristas, conductores de
coches, taxistas, transportistas ... Nosotros somos todos iguales,
todos mala gente que sólo sale a la calle para asustar a ciudadanos,
especialmente niños y gente mayor. Los atacamos por la espalda, sin
hacer ruido ...

¿Qué nos costaría hacer como los vehículos que avisan siempre de su
presencia? Es imposible que os cojan por sorpresa. Lo podéis comprobar
desde casa a altas horas de la madrugada o mientras hacéis la siesta.
Su preocupación por nuestra seguridad es tan grande que hacen cuanto
está es su mano para que los oigamos perfectamente aunque vivamos en
la décima planta de un edificio. Es urgente que las autoridades hagan
dotar las bicicletas de unos buenos altavoces que reproduzcan el ruido
del motor de un fórmula 1.

Otro de nuestros pecados habituales es utilizar el carril bici. ¿Que
no vemos que está lleno de gente paseando y que los ponemos en
peligro? ¿No sabemos que se diseñaron para que aparquen los coches
«sólo cinco minutos» para ir a hacer encargos? Afortunadamente algunos
ciclistas ya lo han entendido y han optado por subir a las aceras a
gran velocidad.

También nos gusta mucho ir tan despacio como podemos delante de los
coches sólo para molestar. Cuanta más prisa tiene el conductor (lo
sabemos con un detector especial), más despacio vamos. Encima tenemos
la extraña pretensión que los vehículos de motor respeten la velocidad
máxima dentro de ciudad, 30 km/h en muchas calles y 50 km/h en el
resto. ¡Cuando se ha visto una cosa igual!

Todavía quiero confesar otra práctica terriblemente insolidària por
nuestra parta en estos momentos de crisis. Ahora que el gobierno
dedica miles de millones de euros a rescatar bancos y fabricantes de
coches, ahora que con el Plan E genera obra pública para salvar a las
pobres constructoras, nosotros, con criminal ignorancia, nos empeñamos
a no utilizar el coche ni necesitar grandes autopistas. Un
comportamiento ignorante como éste nos podría llevar a pedir cosas
absurdas como que se destinara este dinero a unos buenos trenes de
cercanias en vez del AVE a mejorar la educación y la sanidad, o a
aumentar las prestaciones a los parados.

Tampoco generamos CO2, con el consiguiente perjuicio para los países a
los cuales el Estado compra derechos de emisión con el fin de cumplir
con el protocolo de Kyoto. Por culpa nuestra este año sólo recibirán
1.200 millones de euros a cambio de un papel donde dice que les hemos
comprado mucho de humo.

Tenemos muchos más pecados todavía, pero ya los acabaré de explicar
otro día. De momento he pensado las penitencias siguientes: obligar
los coches a adelantarnos a gran velocidad a sólo 20 centímetros de
distancia, instruir ciudadanos en la retirada de bicicletas de la
calle aunque estén sujetas con candado, entrenar brigadas en la
colocación de todo tipo de materiales y vehículos en los carriles bici
...

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